Monday, December 10, 2007

Jorge Mendes, el representante de moda

(El País) Jorge Mendes Agostinho (Lisboa, 41 años) trabaja en su soleado despacho de la empresa Gestifute (Gestión de Carreras de Profesionales Deportivos), desde 2004 se ha convertido en uno de los personajes más populares en su país, controlando magistralmente el mercado de fichajes.

"Hemos introducido a los futbolistas portugueses en el mercado inglés. Hemos abierto puertas que muchos soñaban con abrir", dice a toda prisa, "a mil por hora". ¿Y sabe qué? Que aunque haya días que no pare, que desayune en Londres, que almuerce en Madrid y cene en Milán, a ser posible sólo con una bolsa de mano y dos camisas para no tener que facturar... No me arrepentiré jamás de vivir esta gran aventura".

Una aventura a la que se han rendido Roman Abramovich, dueño del Chelsea o Alexei Feduricsev, el millonario del Dinamo de Moscú. Todos ceden a los encantos de Mendes, por cuyos jugadores se pagaron 150 millones de euros en verano. Hasta el Manchester, que se gastó 57 por Anderson y Nani, dos cachorros. "Es una buena compra", zanjan en la praceta do Bom Sucesso.

"Una de las razones de nuestro éxito es que somos innovadores. Todos los temas comerciales los llevamos directamente nosotros. Nos ocupamos personalmente de negociar con las empresas chinas, de los actos publicitarios en Indonesia o Malaisia...", se enorgullece Correia, sobrino de Mendes, gestiona desde hace 2005 la imagen de José Mourinho y los 71 jugadores de la compañía. Para reforzar su tesis muestra dos vídeos de promoción de "las joyas de la corona": Cristiano Ronaldo y Mourinho. Mientras el extremo del Manchester hace mil y un malabarismos y cautiva con su sonrisa, el ex entrenador del Chelsea explota su imagen de "gentleman distante". En uno de sus anuncios, The Special One salta de un avión en un paracaídas. "¡Es como James Bond! Asume para él toda la presión. Se ha inventado un personaje y lo cumple a las mil maravillas".

Al contrario que Mourinho, Mendes no es un efecto mediático. El agente más importante del momento, que en el mercado de fichajes de verano colocó a Pepe en el Real Madrid por 30 millones de euros -"a quienes le critican tanto les invito a ver el partido del sábado en Bilbao. Pepe va a ser el mejor central de la historia del Madrid", insiste-, rehuye los focos. Al revés que el resto de sus colegas, que se cochambean con la prensa para publicitar sus operaciones, prefiere las sombras. Encontrarse con él es un pequeño milagro. En los últimos diez años tan sólo ha recibido al diario A Bola.

Detrás de ese aire enigmático tan trabajado, detrás del agente que convirtió en 2004 al Oporto -ganador de la Champions y un año antes de la Copa de la UEFA- en el club que más millones ha ganado de una tacada (70,5), con Mourinho y cuatro jugadores aterrizando en el Chelsea, se esconde un tipo sencillo. El hijo de Manuel, funcionario de la Administración Pública, y María, ama de casa, cambió su Lisboa natal, metrópoli de 2,6 millones de habitantes, por la villa de 30.000 almas de Viana do Castelo, a 50 kilómetros de la frontera con Galicia. "Porque antes de ser agente, mucho antes de todo eso, Jorge era futbolista. Y con 21 años se fue a buscar fortuna al Vianense", asienten en su círculo íntimo.

Centrocampista izquierdo, dicen que incluso tuvo una oferta del Benfica. Pero Mendes tenía otros objetivos. Nada más llegar al club, de Segunda B, surgieron sus dotes como empresario. No sólo llegó a pedir la cesión de la gestión de las vallas publicitarias del estadio. Fue más allá. Abrió su primer videoclub. El emporio del mercader de futbolistas más poderoso del globo arrancó entre cintas de Beta y VHS, bajo los luminosos de Samui Video. "Por eso sabe bien el poder de la imagen", se jactan en Gestifute. "¡Ja, ja, ja! Abría una tienda y la vendía a los pocos días por cuatro o cinco millones de pesetas", cuenta Mendes mientras vuela por su despacho. En una bolsa lleva una camiseta de Pelé. Falta la firma de la promesa brasileña del Inter. El punto y final para que luzca con las otras camisetas de compañeros ilustres como Deco, Márquez, Mourinho, Tiago, Pepe... "Para el mejor empresario del mundo", se lee en la dedicatoria del zaguero madridista.

Nadie le critica. "Mantenemos una relación sana desde que hicimos nuestra primera operación, la de Hugo Leal [temporada 1999-2000]. Luego vinieron las demás", observa Miguel Ángel Gil Marín. "No es el típico agente que coloca a un jugador y luego se despreocupa. No te lía con comisiones. Éste no. Es trabajador, honrado y busca un equilibro entre las tres partes: jugador, representante y club", añade el consejero delegado del Atlético de Madrid. El equipo rojiblanco tiene en nómina a cuatro de los chicos de Gestifute: Maniche, Seitaridis, Simão y Motta. "¿Y...? Sus jugadores suelen dar buen rendimiento. Además, Mendes está bien relacionado; es importante mantener contactos de su talla", estiman en el Manzanares.

Pero ¿quién fue el primer jugador que representó Mendes? ¿Cómo comenzó su asalto desde un videoclub a la cima del fútbol? La respuesta la tiene Augusto César Lendoiro, el presidente con más años en el cargo de la Liga española (Deportivo de La Coruña). "Y claro, claro, tanto tiempo da para mucho", se ríe el mandatario gallego, cuatro horas antes del Barcelona-Deportivo. "Pues, mire, Jorge, que para mí es como un ahijado, se estrenó con nosotros, cuando en 1997 aceptamos a Nuno. El portero entonces estaba en el Vitoria de Guimarães. Si no recuerdo mal, pagamos 300 millones de pesetas". Desde entonces, los dos mantienen "una estrechísima relación".
"Nuno conoció a Jorge en una discoteca que él mismo montó. Hace amigos con mucha facilidad. Se cayeron bien y una cosa llevó a la otra. Y cuando Lendoiro le trató así de bien... Siempre le estará agradecido ¡Si es que hasta cogía el coche y se iba a Riazor a charlar con el presidente!

Después de Nuno le llegó el turno, en el mismo año, a Costinha. El internacional luso militaba en el Nacional, en Segunda. Se contentaba con seguir la Primera División por televisión. Mendes convenció al Mónaco. "Costinha estaba desaparecido, nadie conocía su potencial hasta que le descubrió. Esa operación resume lo que Jorge significa: es amigo, padre, hermano... Es la continuación de su familia. Es el Espíritu Santo".

"Siendo así, normal que le ganase el puesto a gente más asentada, como José Veiga y Paulo Barbosa". Lendoiro es rotundo. Simão, también. "Los mejores quieren estar con el mejor. Aunque los futbolistas hacen al agente. No al revés", puntualiza con picardía. "Veiga se quedó dormido y no se modernizó. Por eso le dejaron Simão y Maniche", zanjan en los mentideros de Oporto, capital del mercado futbolístico. "Si es el mejor es porque se desvive por su gente", refiere Correia. "Los futbolistas deben limitarse a jugar. Que nos dejen el resto a nosotros. Desde dar de comer a sus peces hasta llevarles el móvil a Caracas o hacerles la cena".

Mendes, entretanto, no habla. Prefiere el anonimato. Así, de paso, la leyenda se agranda.

Además, la dirección de Gestifute se ha planteado un nuevo -y goloso- objetivo: el mercado de la Fórmula Uno. "Nuestra intención es hacer de Álvaro Parente el Alonso portugués", afirma Luis Correia.

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