Sunday, January 22, 2012

Totti 211, leyenda "Giallorossa"


(El Pais) Para Totti el fútbol empieza y acaba en el Roma. Por eso, cuando Luis Enrique pretendió, nada más llegar al banco giallorosso, quitarle su estatus de estrella en el equipo, privarle de algún que otro capricho, se montó una buena. Más que nada porque el ideario y manual de Luis Enrique se entiende desde la mano dura, siempre y cuando se trate de vanidades o egos, inflexible ante las personas frente al colectivo. "Las cosas no cuadraron al principio; era el centro de este equipo y terminé en el banquillo. No sabía si no me entendían o se burlaban de mí", llegó a confesar el futbolista. Pero Lucho, atento con las necesidades del equipo -le faltaba el último pase en un equipo de toque y movimiento, además de la llegada desde la segunda línea- e inteligente porque era un órdago al mejor, además de al más idolatrado, arregló el asunto. "Se hizo un debate con el entrenador y las cosas están claras", señaló Totti. Y ahora funcionan. Como se demostró ante el Cesena (5-1), ya con el equipo en posiciones europeas a falta del duelo Inter-Lazio.
Hace dos semanas, Totti se alzó la camiseta y dejó entrever un mensaje en la elástica interior. "Scusate il ritardo [perdonad el retardo]", se leía. Hacía referencia a los siete meses de sequía del falso delantero, a su falta de tino en el remate desde que acabara el curso anterior. La incompatibilidad inicial con Luis Enrique, la suplencia, una lesión en el tobillo y la mala suerte -falló un penalti ante el Juventus- se aliaron en su contra. Hasta que le marcó al Chievo y el mensaje de su pecho habló por su corazón. Frente al Cesena repitió en la suerte del gol. Le bastó con un minuto para recoger un taconazo de Lamela, para romper la red. Tres minutos más tarde, el propio Lamela le sirvió otra diana. Un gol, además, histórico: es el futbolista que más tantos (211) ha marcado bajo los colores de una camiseta tras superar al sueco Gunnar Nordahl, que marcó 210 con el Milan -de 1948 a 1958- conocido entonces por el trío escandinavo Gre-No-Li, completado por Gunnar Gren y Nils Liedholm.
Influenciado por la pasión de su padre Enzo, que lo llevaba al gol sur del Olímpico romano, Totti siempre tuvo claros sus colores. Por eso, cuando contaba con 13 años, ni siquiera se pensó la oferta del Lazio, eterno rival. Sí que lo hizo, sin embargo, cuando el Milan llamó a su puerta. Idea, en cualquier caso, rechazada poco después porque su madre quería que se quedara en casa, que se educara primero. Hasta que en 1989 llegó la oferta del Roma y, cinco años después, el 4 de noviembre de 1994 ante el Foggia, el primer gol. Algo que nunca le abandonó. Solo así se explica que en 10 de las últimas 11 temporadas superase la quincena de dianas -en la 2001-02 se quedó en 12- y que en el curso 2006-07, cuando ganó el Scudetto, la Bota de Oro (32). "Ofertas nunca me han faltado", reconocía el futbolista no hace tanto; "pero acepto que me digan de todo menos que juego por dinero". Es el 10 del Roma y nada más. Para Totti, campeón del mundo en 2006, lo es todo. Por eso sus goles son genuinos. Bien lo sabe Luis Enrique, que le sustituyó a falta de 25 minutos para la conclusión del partido y, ya en el área técnica, le regaló un abrazo.

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